El provocador documentalista es el vocero del discurso anti-Trump y líder de la resistencia demócrata. Le dedicó una película, convocó manifestaciones mediáticas, organizó acciones virales en las redes y jura que con el arte del sarcasmo será la oposición al presidente de los Estados Unidos


“Do These 10 Things and Trump Will Be Toast” es la última prédica de Michael Moore. La traducción al español sugiere algo así como “haga estas diez cosas y Trump estará en graves problemas”. El decálogo en su cuenta de Facebook descubre la fórmula para incomodar al nuevo presidente de los Estados Unidos. Lo tituló “El simple plan de diez puntos de Michael Moore para frenar a Trump” o el anglosajón “The Michael Moore Easy-to-Follow 10-Point Plan to Stop Trump”. Una medida renovada para enfatizar su postura de vocero de un discurso que molestó históricamente al establishment estadounidense.

Moore es el principal bastión anti-Trump, el procurador de un espectro de ciudadanos desencantados con las políticas y la filosofía del magnate devenido a presidente. Horas antes de su asunción, el provocador cineasta, escritor y documentalista convocó una manifestación de resistencia pacífica bautizada “We stand united”. Celebridades del calibre de Robert De Niro, Cher, Mark Ruffalo, Rosie Perez, Julianne Moore, Alec Baldwin, Cynthia Nixon, Sally Field y Marisa Tomei lo escoltaron.

“El simple plan de diez puntos de Michael Moore para frenar a Trump” es hijo de una primera lista de cosas para hacer en la mañana siguiente a la elección. En ella, una carta reaccionaria, reparable y metódica, promovía tomar el Partido Demócrata y devolverlo al pueblo, sugería “despedir a todos los eruditos, pronosticadores y encuestadores que se negaron a reconocer lo que estaba pasando”, invitaba a renunciar a aquel demócrata que no estuviese preparado para pelear, resistir y “detener la maldad y la locura”, y recomendaba dejar de estar atónitos: “La victoria de Trump no es una sorpresa, nunca fue un chiste. Tratarlo como si lo fuera lo fortaleció”.

En su consigna post triunfo del candidato republicano, Moore analizó en el quinto punto: “La mayoría de tus compatriotas quiso a Hillary Clinton, no a Trump. La única razón por la cual él es presidente es por una arcaica e insana idea del siglo XVIII llamada Colegio Electoral. Mientras no cambiemos eso, continuaremos teniendo presidentes que no elegimos y que no quisimos”. Ocupó desde el primer momento de la era Trump su rol de representante inspirador de la mitad demócrata del país norteamericano. “Viven en un país donde la mayoría de los ciudadanos han dicho que creen que existe el cambio climático, que las mujeres deben cobrar lo mismo que los hombres, que quieren una educación sin endeudarse, no quieren que invadamos países, quieren un aumento del salario mínimo y quieren un único y verdadero sistema universal de salud. Nada de eso ha cambiado”, recordó.

Las ideas de Michael Moore se desnudan en sus producciones. En el repaso de lo que no quiere la mayoría de los estadounidenses se podía distinguir su obra. “Bowling for Columbine“, la masacre en un colegio de Colorado donde dos alumnos acribillaron a doce compañeros de escuela y un profesor, es una crítica a la cultura armamentista estadounidense. La película ganó el premio Oscar a mejor documental en 2003 y Moore, notoriedad: en su discurso aprovechó para denunciar al presidente George W. Bush por invadir Irak en “una guerra ficticia”.

Su última producción bien podría ser autobiográfica. “Michael Moore in TrumpLand” es una película ácida e hilarante, la máxima expresión del humor surrealista marca registrada, que analiza por dentro las elecciones estadounidenses con una declarada postura política progresista que sospechaba pero no preveía el desenlace del sufragio que elevó a Donald Trump a la Casa Blanca. Moore, el refugio del progresismo norteamericano, posteó diez puntos para incomodarlo.

Incluir en la rutina diaria llamar al Congreso (dejó el número: 202-225-3121), asistir al Congreso para reforzar la presión, armar un grupo de respuesta rápida, afiliarse a grupos nacionalistas, acompañar la lucha por la igualdad de género, tomar el control del Partido Demócrata, reforzar las regiones azules (demócratas) de resistencia, postularse, convertirse en un medio de comunicación y, por último, unirse al ejército de la comedia. Michael Moore, un cultor del sarcasmo, confía en su arte para molestar al presidente de los Estados Unidos: “El punto de inflexión definitivo para Trump será cuando implosione por toda la risa, la burla, la burla insoportable de decenas de millones de estadounidenses”.