Un estudio de la Universidad de California reflejó cómo afecta al cerebro el famoso click de aprobación de las plataformas de internet. La comunicación, sometida a la presión social


Apenas es un simple ícono que aparece en las pantallas de un celular, una computadora o una tablet. Puede presentarse en forma de corazón o de un dedo pulgar levantado. En el sentido técnico, se trata de la retroalimentación positiva ante una publicación en las redes sociales. Y lo cierto es que, a lo largo de la última década, se transformó en una adicción para los jóvenes. El click del “Me gusta” cambió por completo la comunicación entre los adolescentes.

La búsqueda de aprobación -o de al menos un juicio- sobre cada publicación propia en internet se convirtió en un factor inevitable para aquellos usuarios habituales de plataformas como Facebook, Twitter o Instagram.

Por eso, especialistas de la Universidad de California en Los Angeles llevaron a cabo un estudio para detectar el efecto causado por el famoso “Like” en las personas y analizar luego su comportamiento.

Así, el experimento reveló que el mismo punto de recompensa cerebral implicado en la sensación de placer, ese lugar que se activa al pensar en sexo o en dinero, también reacciona cuando una persona ve una cantidad suficiente de “Me gusta” en su publicación.

“Parece algo intrascendente, pero este botón puede llegar a provocar reacciones de las más extremas. Incluso, una de las cosas más normales en las redes es que la gente se inhiba de hacer ciertas publicaciones por el miedo a la cantidad de ‘likes’ que va a recibir”, le explicó a Infobae el Social Media Manager, Hernán Doretti.

El experimento

Para realizar el estudio, los investigadores crearon una falsa red social similar a Instagram cuyo objetivo es compartir fotos. Luego reclutaron a 32 jóvenes de entre 13 y 18 años, a los que les comunicaron el contenido y el uso de dicha plataforma. El ícono del “Me gusta” utilizado fue el de un corazón.

El análisis consistió en dos fases. Durante la primera, se les pidió a los participantes que subieran imágenes propias para compartir con los demás. Luego, se los situó en un laboratorio para que observaran 150 fotos. El repertorio registraba desde contenidos bizarros, emotivos hasta los subidos por los protagonistas. Mientras tanto, los científicos analizaron al detalle la actividad cerebral mediante técnicas con resonancia magnética.

Los adolescentes también podían observar cuántos “Me gusta” tenía cada una de las 150 fotos. La cifra de cada ejemplo era ficticia, pero a los participantes les hicieron creer que esa estadística pertenecía al voto de los otros 31 participantes.

Los resultados fueron claros: cuando veían una imagen con muchos “Me gusta”, los jóvenes experimentaban actividad cerebral en las regiones del procesamiento de recompensa, cognición social, imitación y atención.

Cuando una foto no tenía tantos “likes”, esas regiones no registraban una actividad tan marcada. El efecto se acentuaba todavía más cuando las más valoradas eran algunas de las propias.

La presión social

Otro de los factores determinantes del estudio fue que los individuos tendían a clickear “Me gusta” en fotos que ya acumulaban varios “likes” con anterioridad, sin importar su contenido. Así, los especialistas detectaron el rol del entorno en el comportamiento de los adolescentes ante las redes.

“Esta presión social puede terminar siendo clave en la acumulación de conocimientos culturales de los jóvenes. Coincidir con otros es normal a esa edad, pero mediante esa influencia compartida, los adolescentes aprenden los modos de comunicarse y de cómo establecer relaciones”, aseguró Lauren Sherman, directora del estudio.

“La presión social existe y mucho en las redes. Y es un arma de doble filo. Hay gente que se deja llevar demasiado con el objetivo de estar, de pertenecer, aunque sea a un grupo de personas que opinan igual ante una publicación. Y el problema aparece cuando esa publicación tiene un contenido polémico, transgresor o incluso violento”, reflexionó Doretti