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La inflación en la Argentina de Milei: el gas subió 766% y el azúcar, apenas 0,5%

La inflación en la Argentina de Milei: el gas subió 766% y el azúcar, apenas 0,5%

Mientras la inflación acumulada durante la gestión Milei promedió un 209%, los servicios públicos se multiplicaron hasta ocho veces y algunos alimentos prácticamente no variaron.

Desde diciembre de 2023, la Argentina transita un proceso de desaceleración inflacionaria que se consolidó durante 2024 y que, a febrero de 2025, dejó un registro mensual del 2,6% (IPC de GBA). Sin embargo, detrás de esa tendencia descendente persiste un acumulado que pesa: la inflación durante la gestión de Javier Milei se ubica en torno al 209%.

Ese número, con ser contundente, es un promedio. Y como todo promedio, esconde las diferencias más significativas. Mientras algunos rubros apenas acompañaron la suba general, otros la triplicaron o cuadruplicaron, reconfigurando de forma drástica la estructura de gastos de millones de hogares argentinos.

La inflación del 209% no se distribuye de forma pareja: hay familias que enfrentan aumentos de hasta 766% en un solo servicio.

Los datos surgen del centro RA de la UBA.

Vivienda y servicios: el epicentro del ajuste de precios

El rubro que lideró los aumentos fue vivienda, servicios vinculados y otros combustibles, que incluye alquileres, expensas, electricidad, gas, agua y combustibles como la leña. Este capítulo del IPC acumuló un incremento cercano al 400%, es decir, 191 puntos porcentuales por encima del nivel general de inflación.

Dentro de esta categoría, los incrementos más impactantes corresponden a componentes que afectan a la totalidad de la población urbana: el gas natural lideró con un aumento del 766%, seguido por los alquileres con un 423%, la energía eléctrica con un 370% y el agua con un 366%.

La magnitud de estos números cobra otra dimensión cuando se los traduce a la vida cotidiana: una familia que en diciembre de 2023 pagaba $10.000 de gas hoy enfrenta una boleta de casi $87.000. El alquiler que costaba $100.000 ahora supera los $520.000.

Comunicaciones, educación y transporte: la segunda línea de impacto

Detrás de vivienda, el rubro comunicaciones acumuló una suba del 321%, es decir, 122 puntos porcentuales por encima de la inflación general. Le siguió educación, con un incremento del 279% (+79 p.p.), un dato especialmente sensible para las familias con hijos en edad escolar. El rubro transporte, que afecta de lleno a los trabajadores que dependen del colectivo y el tren, registró un 255% acumulado.

Estos tres rubros configuran un núcleo de gastos fijos que las familias difícilmente pueden recortar: quien necesita comunicarse, educar a sus hijos y trasladarse al trabajo no tiene demasiado margen de sustitución.

Alimentos: el rubro donde todo convive

El capítulo de alimentos y bebidas no alcohólicas acumuló un 182%, ubicándose por debajo del nivel general. Sin embargo, esa cifra es engañosa: dentro del mismo rubro conviven productos que se dispararon y otros que prácticamente no se movieron.

Los que más subieron

El producto estrella en materia de aumentos fue el polvo para flan, con una suba acumulada de 424,7%. Le siguieron el limón (342%), el café molido (308,2%) y la lechuga (292,9%). Productos cotidianos, de góndola, que duplicaron o triplicaron la inflación promedio.

Los que menos subieron

En la otra punta, la yerba registró una suba del 80,7%, la banana un 76,9%, los fideos para guiso un 58,7% y el arroz apenas un 11,7%. El caso más extremo es el del azúcar, cuyo precio acumuló un incremento de solo 0,5% durante toda la gestión: prácticamente no varió.

De un total de 59 productos relevados, 32 registran un incremento superior al promedio del rubro Alimentos y bebidas (181%). Es decir, más de la mitad de los productos de la canasta básica se encareció por encima de lo que sugiere el índice sectorial.

La carne vacuna: aumentos según el corte

En el universo de la carne vacuna —un ítem central de la mesa argentina— la dispersión también es significativa. El primer corte que aparece entre los mayores aumentos acumulados es la paleta (230,7%), seguida por el cuadril (228%) y la nalga (225,7%). Todos superan con holgura el promedio del rubro alimentos.

Para una familia tipo que consume carne con regularidad, estos números implican que el gasto en proteína animal prácticamente se triplicó, en un contexto donde los ingresos tardaron meses en recuperar poder adquisitivo.

¿Qué significa todo esto para el bolsillo real?

La inflación del 209% es un dato macroeconómico que, por definición, promedia experiencias muy distintas. Para una familia inquilina con calefacción a gas y hijos en edad escolar, la inflación percibida puede superar ampliamente el 300%. Para un propietario sin deudas de alquiler que consume productos de precios estancados, la realidad fue otra.

Los servicios públicos y la vivienda absorbieron el mayor golpe del proceso de sinceramiento tarifario impulsado por el gobierno. Esto significa que los hogares de menores ingresos —que destinan una proporción mayor de su presupuesto a estos rubros— enfrentaron una inflación efectiva sustancialmente más alta que el índice general.

La inflación bajó, pero el gas cuesta hoy casi ocho veces más y el alquiler cuatro veces más que cuando Milei asumió.

La desaceleración de la inflación -más allá de sus variaciones: ahora está más cerca de 3% que de 2%- es un dato positivo que se consolida desde marzo de 2024. Pero conviene recordar que esa desaceleración se produce sobre una base de precios que, para muchos rubros esenciales, ya se reconfiguró de forma dramática. La estabilización macroeconómica llegó después de un reajuste de precios relativos que todavía se siente en la mesa, en la boleta de servicios y en el contrato de alquiler. 

Guardado en Actualidad, Economia y Finanzas, El Pais 9 abril, 2026 – 3:15 pm

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