La sede suiza del Foro Económico Mundial es uno de los refugios de la jet set desde el siglo pasado, cuando la llamaban Hollywood on the rocks por los actores que caían por aquí en invierno. Las pistas de esquí y la gastronomía de nivel completan su oferta de ocio a 1.650 metros.


Tiene unos cuantos récords en su poder. Para empezar, es la ciudad más alta de los Alpes (está aupada a 1.560 metros, aunque las estaciones que la rodean llegan a los 2.844). Aquí se inauguró el primer telesquí de Suiza, allá por 1934. Ahora, la zona cuenta con 58. Es más, a finales del siglo XIX ya comenzaron a verse por aquí los primeros esquiadores del país helvético. Por si fuera poco, la urbe que nos ocupa también tiene cabida para la pista de hielo natural más grande del Viejo Continente. Mide 18.000 metros cuadrados.

PISTASi añadimos que cada año, a finales de enero (esta vez, del 20 al 23), se congregan en ella más de 200 jefes de Estado de medio mundo, representantes empresariales de 140 países y un buen puñado de Premios Nobel en el Foro Económico Mundial, la incógnita de dónde estamos se resuelve rápido: Davos, el glamouroso enclave del Este suizo. En el bucólico cantón de los Grisones, para más datos, el más extenso y menos poblado de los seis que componen el país, ya en el límite con Austria.

Hoteles de lujo con forma de huevo

Ya está todo listo para recibir a tanta personalidad con solera, empezando por los hoteles de cinco estrellas, los clubs selectos, las boutiques de firmas de lujo y los restaurantes sibaritas (hay unos 150 en total) que hacen su agosto en estas fechas. Para hacerse una idea, esta ciudad con apenas 13.000 habitantes acoge a unas 3.000 personas más durante el Foro. De hecho, en los últimos años se ha tenido que multipicar la oferta hotelera (de nivel) porque no había sitio para todos.

HOTELComo botón de muestra está el original hotel de la refinada cadena Intercontinental conocido como el Huevo de Oro por su curiosa forma y donde se han hospedado personajes como el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el político británico Tony Blair o el cantante Bono. Porque ésa es otra: Davos también es conocida por ser el refugio invernal de las jet set internacional. De Angelina Jolie a Richard Gere, Matt Damon o la Familia Real británica al completo, aunque el fan número uno es el es el Príncipe Carlos, asiduo total a las pistas de nieve (300 kilómetros de dominio esquiable). Hasta el punto de que una de los remontes de Davos-Klosters, el conglomerado turístico formado por las dos ciudades vecinas, lleva su nombre.

Lo de recibir famosos de toda condición no viene de ahora, ya que los escritores Robert Louis Stevenson y sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes ya habían pasado por aquí en busca de inspiración y… de dinero. Las crónicas aseguran que este último hasta ejerció de instructor de esquí a principios del siglo pasado. Era entonces cuando los pudientes venían a respirar aire puro a este lado de los Alpes. En especial, aquellos que padecían tuberculosis y que venían a curarse a sanatorios como el Schatzalp, ahora transformado en hotel con vistas alpinas de infarto. Normal que lo construyeran allí arriba, a 300 metros de la ciudad, por lo que sólo es accesible en funicular.

Hollywood ‘on the rocks’

El propio Thomas Mann ingresó en él a su esposa. De la experiencia salió su mítica obra La montaña mágica, publicada en 1924. De aquellos años surgió también el nombre de una de las calles principales de Davos, Promenade, ya que por ella salían a pasear los enfermos (o sus acompañantes) que podían permitírselo. Hoy sigue hasta arriba de cafés, hoteles, restaurantes y tiendas, la mayoría elevadas a tres o cuatro escalones de piedra del suelo, reminiscencias del pasado, de cuando no había alcantarillas y había que ahuyentar la copiosa nieve de alguna forma.

Más tarde llegarían las celebrities estadounidenses a ocupar estas montañas. Y es que tras la II Guerra Mundial, Davos se convirtió en uno de sus destinos fetiches en época invernal, conocido como Hollywood on the rocks. Gregory Peck, Paul Newman y Greta Garbo hicieron de las suyas por estos lares. Y dicen que Gene Kelly bailó más de una vez sobre las barras de los bares de algún que otro hotel de lujo. Hasta Deborah Kerr se casó aquí.

TRENY es que a Davos nunca le ha faltado actividad. Uno puede lanzarse al esquí, el senderismo, el snowboard, los paseos en trineo, el patinaje sobre hielo, las compras, los casinos, los festivales de jazz, el turismo gastronómico… Y el cultural, con museos de calado como el Kirchner, dedicado al pintor expresionista alemán que pasó sus últimos días cerca de aquí hasta que se suicidó en 1938. Si alguien echa en falta algún plan, aquí va una última recomendación: disfrutar de siete horas de trayecto en el legendario tren Glacier Express que va de Zermatt a St. Moritz, con parada obligada en Davos. Se conoce como «el expreso más lento del mundo». Por si acaso…

elmundo