Un cambio radical. El mundo del diseño ha dado un giro copernicano. Como disciplina ya no se plantea el desarrollo de un nuevo producto como un fin en sí mismo, sino que mira ese producto como medio para un fin más ambicioso: mejorar la vida de las personas en su entorno buscando el mínimo impacto en el medioambiente. Alex Blanch, diseñador y músico catalán, asegura que lo importante no es el tipo de producto que se crea sino el destinatario del mismo. “El diseño hoy se entiende de una forma mucho más interconectada e interdisciplinaria que hace una década. El profesional debe tener una mirada de 360 grados. No basta con las buenas ideas; hay que ser capaz de conducir procesos complejos como son los de innovación. No se puede pensar en clave de diseñadores gráficos o industriales. Debemos entender de manera más completa las necesidades de la gente en sus entornos y saber por qué medios conseguir una mejora de sus condiciones de vida sin lastimar el ambiente”.

Con esta perspectiva en la cabeza, Blanch se animó a lanzar este año la flamante Licenciatura en Diseño en la Universidad de San Andrés. Con una formación transversal los alumnos profundizan en áreas técnicas, científicas, económicas de empresa, artísticas y humanas. “Un diseñador debe saber muchas cosas de varias áreas del conocimiento, para poder armar proyectos viables tanto en el mundo real como virtual”, sostiene.

Y ofrece ejemplos. Para remodelar una plaza barrial, un proyecto de diseño puede abarcar múltiples tareas y perspectivas. Primero, conversar con los usuarios de la plaza (ancianos, lectores, estudiantes que se juntan a almorzar) y realizar luego intervenciones que mejoren su uso y actividad, como reubicar a los comerciantes en sitios con mejor circulación, disponer eficientemente sus stands, con espacios protegidos de la lluvia. Diseñar una nueva zona de bancos para los amantes de la lectura, donde se logre más intimidad y recogimiento; organizar bancos en círculo para que los jóvenes que almuerzan allí puedan conversar mirándose a la cara; disponer de lugares donde apoyar la vianda. Y las ideas siguen.

Las motivaciones humanas

“Se requieren herramientas etnográficas complejas”

“Los estudios de marketing suelen recoger datos cuantitativos a través de encuestas masivas con preguntas genéricas. Estos datos cuantitativos hoy son insuficientes para entender a la gente. Se requieren herramientas etnográficas más complejas, conocimientos más profundos de las motivaciones y conductas humanas para diseñar proyectos. Por ejemplo, si una entidad bancaria quiere lanzar una tarjeta de crédito para mujeres de entre 25 y 35 años, deberá preguntarles primero por sus formas de vida, sus prioridades de compra, sus gustos emergentes, el uso que piensan darle, la frecuencia con que piensan utilizarla, qué tipo de reparo tienen en el caso de que decidan no emplearla. Necesitamos indagar con mayor profundidad y buscar el costado más humano. Luego por supuesto, pensar con qué narrativa se comunicará el acceso a la tarjeta, a través de qué canales se publicitará, para finalmente diseñarla y pensar el aparato visual con el cual se hará conocida”.

Lo innovador

“El diseño se ejerce de manera coral”

“Ya no se trata de crear objetos bellos; el diseño no está solo vinculado a lo visual, sino que un diseñador 360 grados (como le gusta llamarlo) debe conocer las herramientas y metodologías del pensamiento estratégico de un proyecto. Y trabajar codo a codo con ejecutivos y técnicos para gestar procesos que lleven a buen puerto negocios de innovación. Hoy el diseño se ejerce de manera coral y compleja, y es una parte estructural en el armado de un negocio”.

Sector público y privado

“El campo laboral es amplísimo”

“Estos diseñadores están dotados de una formación más transversal.

“En el ámbito público, en laboratorios gubernamentales interesados en desarrollar herramientas para fomentar la participación ciudadana; o agencias dedicadas al gobierno digital y transparente (donde se brinda información sobre procesos administrativos, posibilidad de contactarse con autoridades y ofrecer sugerencias). También en entes vinculados al mejoramiento del espacio público.

“En Chile son habituales los cabildos de vecinos”, a través de los cuales se busca conocer la opinión de la gente antes de implementar un proyecto. Esto requiere por ejemplo, diseñar el evento (el cabildo), pensar cómo se va a comunicar, en qué lugar se hará, cómo se presentarán los temas, con qué protocolo, quién hablará y de qué. Son todas acciones y decisiones propias de los diseñadores de servicio público ( public designer). Su fin es doble: mejorar la gobernabilidad por un lado y la vinculación entre gobierno y ciudadanía por otro.

En el ámbito privado, el campo es inmenso. El diseñador con esta formación transversal es conocedor de las herramientas y metodologías del pensamiento estratégico y no solo de la ejecución de productos.

En el caso de Airbnb, por ejemplo, fue clave la injerencia de un diseñador. Este emprendimiento digital comenzó como un proyecto muy bien diseñado desde el punto de vista técnico y funcional. Pero no voló hasta que no se encontró una fórmula para considerar una dimensión clave: la confianza.