Después de 20 años y otros tanto de negociación, finalmente Estados Unidos cederá su poder -hasta ahora total e irrestricto- en el Sistema de Nombres de Dominios (DNS). A partir del 1 de octubre la Corporación de Internet para Nombres y Números Asignados (Icann), una entidad con miembros de distintas partes del mundo, estará a cargo de esa tarea.

El DNS conecta los nombres de las páginas con sus servidores correspondientes. De no ser por esto, para entrar a los sitios habría que ingresar la sucesión de números que corresponde a la dirección IP.

El cambio de mando no debería -en principio- afectar a los usuarios. Se trata más bien de un movimiento casi diplomático que estaba en deuda. Ya se había acordado esta cesión de mandos en 2014 pero recién a fines de este año se hará efectivo.

En 2012 otros países, principalmente China y Rusia, habían pedido a la ONU que el DNS fuera controlado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones de las Naciones Unidas.

Pero en aquella ocasión Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Canadá se negaron a aceptar estos términos por supuestas preocupaciones sobre violaciones de los derechos humanos que pudieran surgir si otras naciones ganaran mayor control sobre la red.

La Icann, si bien está integrada por miembros de diferentes naciones, tiene su sede central en Los Ángeles, California. La entidad, sin fines de lucro, es la responsable de la coordinación global del sistema de identificadores únicos de Internet y de su funcionamiento estable y seguro.

El organismo se fundó en 1998 para asumir la tarea de asignar direcciones web. Hasta ese momento, el que hacía esa tarea era Jon Postel. Él estaba a cargo de la Autoridad de Números Asignados en Internet (IANA).

En aquel momento, la IANA contrató a la Icann, pero la última palabra siempre la tuvo la Administración Nacional de Telecomunicaciones e Información (NTIA) de Estados Unidos. A partir del 1 de octubre eso cambiará. Es decir que el gobierno ya no tendrá la palabra final en lo que refiere a los nombres de internet.

Esta medida fue criticada por algunos sectores más conservadores de la política de Estados Unidos porque temen que, de este modo, se le da mayor inferencia a otras naciones poderosas como Rusia o China en un tema en el que siempre Estados Unidos tuvo control absoluto.

“La propuesta aumentará de forma significativa el poder de los gobiernos extranjeros sobre internet”, dice una carta firmada por distintos senadores republicanos, según publicó la BBC.