Para muchas familias argentinas de clase media los viajes se transformaron en grandes excursiones de compra debido a un argumento difícil de batir: los precios.


El contraste es significativo en el sector tecnológico. Un televisor a precio de “oferta” (samsung 40″ UN40J5300) cuesta en la Argentina un 85% más que en los Estados Unidos, un 79% más que en Gran Bretaña, un 75% más que en España y un 35% más que en México. La brecha es similar para un celular Sony Xperia Z5 y se agiganta para productos que es más difícil encontrar en el mercado local, como una Mac Book Pro.

Uno podría pensar que las diferencias de precios en el sector tecnológico responden a una política instrumentada por el gobierno anterior para promover la industria manufacturera local y probablemente no estaría errado. De hecho, las autoridades actuales ya anunciaron una quita de aranceles de importación que podría provocar un descenso en algunos productos. Pero los porcentajes son igual de disparatados en otros segmentos.

Basta con recorrer un shopping de Buenos Aires para encontrarse con precios imposibles en algunas prendas de uso diario como puede ser un pantalón o una remera. Por ejemplo, el mismo jean marca Levis que en algunos comercios outlets se puede comprar a $2.000 en México se vende a  800 pesos mexicanos ($622 aprox); en Estados Unidos a USD 40 ($640); en Londres a 60 libras ($1.158) y en España a 80 euros ($1.300). Algo similar sucede con el modelo Superstar de zapatillas Adidas, que en los últimos meses se puso de moda en la Argentina a un precio de venta que es altísimo cuando se lo compara con otras naciones.

Explicaciones multicausales

Claramente existen explicaciones multicausales de un fenómeno repetido en la historia argentina. Sólo fue interrumpido ocasionalmente con políticas ad hoc de extrema apertura con un singular atraso cambiario que llevó al ya olvidado “deme dos” por parte de los turistas extranjeros que visitaban a la Argentina en una proporción sustancialmente mayor al de la salida de residentes al resto del mundo. Desde hace varios años el fenómeno es inverso y ahora se potenció.

La más extendida es el supuesto atraso cambiario, pese a que el gobierno impuso desde hace un año un régimen de flotación limpia, esto es sin intervención del Banco Central. Los precios en dólares son notablemente mayores que los equivalentes al otro lado de la frontera. Y más aún en comparación con los que se observan en los países altamente desarrollados y donde las liquidaciones son en serio. La segunda razón es la carga impositiva, entre 10 y 20 puntos porcentuales del PBI.

Adicionalmente se suman las políticas proteccionistas de la producción nacional no competitiva bajo al argumento de generar empleos, como si los servicios de la enseñanza, comercio, seguros y bancos, además de la medicina, las industrias culturales y servicios profesionales transables en la nueva era de la tecnología de las comunicaciones, no fueran suficientes actividades potenciadoras de la ocupación de alta calidad y por tanto de mayor remuneración que el que pueden ofrecer muchas manufacturas. Lo mismo con la explotación con valor agregado de los recursos naturales: agro, mineros, marítimos, turísticos y energéticos.

Base original: Infobae