No es cuestión solamente de disciplina, dinero, grandes ideas y buenos contactos, sino también de saber en qué no deben pensar, de qué no deben preocuparse y, en definitiva, que tiene que estar fuera de su cabeza para no perder el tiempo.


Por hacer solamente dinero: Esto te parecerá raro, pero recuerda que hablamos de empresarios excepcionales, la propia palabra lo indica: fuera de lo común. Este tipo de personas lo primero que piensan es en sacar adelante el negocio, no en la cantidad de dinero que van a ganar.
Por los fallos: Los empresarios excepcionales tienen perfectamente claro que los fallos son parte de los negocios y que, además, fallar es una de las mejoras formas de aprender y mejorar. Se preocupan por hacer las cosas bien, pero no por no fallar.
Por aparentar lo que no son: Los empresarios excepcionales son conscientes de sus recursos y del punto en el que están, así que no intentan ser más de lo que pueden ser. Ojo, que esto no quiere decir que no intenten superarse, sino que, simplemente, no fingen estar por encima.
Por el pasado: Cuando un empresario excepcional falla, lo último que hace es arrastrar ese fallo forever and ever. Ellos siempre miran hacia adelante, se quedan con lo que ese fallo les enseñó y no vuelven a preocuparse por aquello que ya dejaron atrás.
Por los convencionalismos: ¿Hablábamos de empresarios excepcionales, no? Pues eso, eso no están en el mundo de los negocios para hacer lo que hacen los demás. Y si lo hacen, siempre le darán su toque, sabrán diferenciarse, no se preocupan por salirse de la norma.
Por el qué dirán: A los empresarios excepcionales les preocupa su negocio, la opinión de sus empleados y de sus clientes, que son quienes, al fin y al cabo, les mantienen, pero no los verás preocupados por lo que piensen el resto de empresarios: ellos a lo suyo.

Artículo publicado originalmente por: Forbes